Nacido en enero de 1973, alumno de la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar y habitante de El Belloto durante buena parte de su vida, Giancarlo Bertini se dedicó con pasión voraz a la pintura. Expuso y ganó los principales concursos de pintura en los años ’90 y 2000. Con todo en contra, logró salir del país y exponer en galerías en el extranjero. Creó un estilo reconocible, único y personal, gracias a su exquisita experimentación con el color y a la confrontación de sus planos extendidos con delicadas líneas que cortan el espacio y aquellas miniaturas cautivadoras que, a modo de guiños, todos buscamos en la pintura de Bertini: la vaquita, el limón, una bicicleta. Dejó Chile para instalarse en México, en Guadalajara, la cuna de Orozco y los grandes muralistas mexicanos. En un año, ya ha realizado exposiciones y planea su gran salto: llegar a Nueva York. Y aunque de alguna forma ha cerrado un ciclo en Chile, no olvida su país ni a los muchos seguidores de su pintura. Acaba de hacer un envío de doce obras para la muestra “Rutas inciertas”, nacida de una investigación morfológica de los mapas y rutas de México
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Nacido en enero de 1973, alumno de la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar y habitante de El Belloto durante buena parte de su vida, Giancarlo Bertini se dedicó con pasión voraz a la pintura. Expuso y ganó los principales concursos de pintura en los años ’90 y 2000. Con todo en contra, logró salir del país y exponer en galerías en el extranjero. Creó un estilo reconocible, único y personal, gracias a su exquisita experimentación con el color y a la confrontación de sus planos extendidos con delicadas líneas que cortan el espacio y aquellas miniaturas cautivadoras que, a modo de guiños, todos buscamos en la pintura de Bertini: la vaquita, el limón, una bicicleta. Dejó Chile para instalarse en México, en Guadalajara, la cuna de Orozco y los grandes muralistas mexicanos. En un año, ya ha realizado exposiciones y planea su gran salto: llegar a Nueva York. Y aunque de alguna forma ha cerrado un ciclo en Chile, no olvida su país ni a los muchos seguidores de su pintura. Acaba de hacer un envío de doce obras para la muestra “Rutas inciertas”, nacida de una investigación morfológica de los mapas y rutas de México
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Nacido en enero de 1973, alumno de la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar y habitante de El Belloto durante buena parte de su vida, Giancarlo Bertini se dedicó con pasión voraz a la pintura. Expuso y ganó los principales concursos de pintura en los años ’90 y 2000. Con todo en contra, logró salir del país y exponer en galerías en el extranjero. Creó un estilo reconocible, único y personal, gracias a su exquisita experimentación con el color y a la confrontación de sus planos extendidos con delicadas líneas que cortan el espacio y aquellas miniaturas cautivadoras que, a modo de guiños, todos buscamos en la pintura de Bertini: la vaquita, el limón, una bicicleta. Dejó Chile para instalarse en México, en Guadalajara, la cuna de Orozco y los grandes muralistas mexicanos. En un año, ya ha realizado exposiciones y planea su gran salto: llegar a Nueva York. Y aunque de alguna forma ha cerrado un ciclo en Chile, no olvida su país ni a los muchos seguidores de su pintura. Acaba de hacer un envío de doce obras para la muestra “Rutas inciertas”, nacida de una investigación morfológica de los mapas y rutas de México
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Nacido en enero de 1973, alumno de la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar y habitante de El Belloto durante buena parte de su vida, Giancarlo Bertini se dedicó con pasión voraz a la pintura. Expuso y ganó los principales concursos de pintura en los años ’90 y 2000. Con todo en contra, logró salir del país y exponer en galerías en el extranjero. Creó un estilo reconocible, único y personal, gracias a su exquisita experimentación con el color y a la confrontación de sus planos extendidos con delicadas líneas que cortan el espacio y aquellas miniaturas cautivadoras que, a modo de guiños, todos buscamos en la pintura de Bertini: la vaquita, el limón, una bicicleta. Dejó Chile para instalarse en México, en Guadalajara, la cuna de Orozco y los grandes muralistas mexicanos. En un año, ya ha realizado exposiciones y planea su gran salto: llegar a Nueva York. Y aunque de alguna forma ha cerrado un ciclo en Chile, no olvida su país ni a los muchos seguidores de su pintura. Acaba de hacer un envío de doce obras para la muestra “Rutas inciertas”, nacida de una investigación morfológica de los mapas y rutas de México
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Nacido en enero de 1973, alumno de la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar y habitante de El Belloto durante buena parte de su vida, Giancarlo Bertini se dedicó con pasión voraz a la pintura. Expuso y ganó los principales concursos de pintura en los años ’90 y 2000. Con todo en contra, logró salir del país y exponer en galerías en el extranjero. Creó un estilo reconocible, único y personal, gracias a su exquisita experimentación con el color y a la confrontación de sus planos extendidos con delicadas líneas que cortan el espacio y aquellas miniaturas cautivadoras que, a modo de guiños, todos buscamos en la pintura de Bertini: la vaquita, el limón, una bicicleta. Dejó Chile para instalarse en México, en Guadalajara, la cuna de Orozco y los grandes muralistas mexicanos. En un año, ya ha realizado exposiciones y planea su gran salto: llegar a Nueva York. Y aunque de alguna forma ha cerrado un ciclo en Chile, no olvida su país ni a los muchos seguidores de su pintura. Acaba de hacer un envío de doce obras para la muestra “Rutas inciertas”, nacida de una investigación morfológica de los mapas y rutas de México
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