Dibujó, pintó, fue poeta, pero en esencia fue un eximio grabador que plasmó en cada una de sus obras su mirada de lo que le rodeaba, como los niños y niñas jugando, hombres y mujeres trabajando, bailando, subiendo y bajando por distintos rincones de su querido Valparaíso, los ventarrones, la ropa colgando y bailando al compás del viento de cada día. Rindió homenaje a los oficios más característicos del puerto, hombres moviendo sus pequeñas embarcaciones para hacerse a la mar o para desembarcar su pesca, mujeres lavando ropa, obreros de la construcción, músicos callejeros, costureras, mineros en su apir, lavadores de oro, herreros en su fragua, en fin toda actividad laboral de innegable esfuerzo. Igualmente en su obra transmitió un fuerte sentido de identidad con Valparaíso, con sus barrios, sus cerros, sus ascensores, su gente, su esencia porteña a la que no estuvo dispuesto a abandonar.
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